¿Qué son los HMO?

El interés en conocer la composición de la leche materna y sus efectos beneficiosos para la salud se remonta a finales del siglo XIX, tras comprobar que los bebés amamantados registraban una supervivencia mayor y un menor número de infecciones que los que no recibían lactancia natural.
Fruto de estos estudios iniciales fue el descubrimiento de que la microbiota de estos niños era rica en bifidobacterias. Se atribuyó ese efecto a que la leche materna contenía un factor favorecedor del desarrollo de esa microbiota, que se denominó «factor bifidus». No fue hasta mediados del siglo pasado cuando se pudo identificar ese factor con una fracción de hidratos de carbono presente en la leche, que se denominaron oligosacáridos de la leche humana (human milk oligosaccharides [HMO]).
Los HMO son moléculas de azúcar complejas que representan el tercer componente en cantidad de la leche materna humana, después de los lípidos y la lactosa. En la leche materna están presentes en cantidades comprendidas entre 10 y 15 g/L en la leche madura y entre 20 y 24 g/L en el calostro. Existen aproximadamente 200 tipos, que se diferencian por su estructura química, pero sólo 50 representan el 99% de los HMO presentes en la leche humana. Se sintetizan en la glándula mamaria a partir de la lactosa (el azúcar de la leche), a la que se van añadiendo otros azúcares simples y moléculas más complejas, como el ácido siálico. Entre los oligosacáridos más abundantes se encuentra la 2‘-fucosil-lactosa (2‘-FL), conocida por su capacidad para proteger frente a las infecciones y favorecer el desarrollo del microbioma intestinal.
Aunque en la leche o en el calostro de otros mamíferos existen también estos azúcares complejos, la estructura y la variedad de los HMO de la leche de mujer son muy superiores.

¿Existen diferencias en la leche de las mujeres?

Tanto la composición como el número de HMO presente en la leche materna son individuales y únicos e, incluso, varían en una misma madre a lo largo de la lactancia, con una mayor concentración en las etapas iniciales (sobre todo en el calostro). Se ha observado también que la leche de las madres con hijos prematuros contiene concentraciones más elevadas de estos hidratos de carbono.
Sin embargo, la mayor variabilidad en el contenido en HMO entre distintas mujeres radica en un factor genético. El contenido varía en función de la capacidad de unas enzimas presentes en la glándula mamaria, responsables de la producción de estos azúcares complejos. La concentración y la diversidad de estos azúcares presentes en la leche materna también son distintas según la región geográfica y la etnia. En nuestro medio, el 80% de las mujeres tienen capacidad de secretar estos compuestos bioactivos.

¿Qué papel desempeñan los HMO en la defensa inmunológica del lactante?

Los estudios científicos han demostrado que estos azúcares funcionales repercuten de forma positiva en la salud de los lactantes: son prebióticos naturales, es decir, favorecen la formación de una flora intestinal sana, protegen de las infecciones virales, bacterianas y de las alergias, estabilizan el sistema inmunitario y fomentan el desarrollo neuronal.
Estas acciones las realizan a través de diferentes mecanismos: sirven de «alimento» a las bifidobacterias y determinan el tipo de microbiota intestinal en los primeros años de vida; tienen un efecto antiadhesivo que impide la fijación a la pared intestinal de gérmenes patógenos, modulan la respuesta inmunológica en la mucosa intestinal y, finalmente, también ejercen un efecto sistémico que favorece la maduración del sistema inmunitario.
Los HMO son resistentes al ácido del estómago y a la digestión, absorbiéndose sólo un pequeño porcentaje en el intestino delgado y llegando en gran cantidad al intestino grueso, donde actúan como alimento para las bacterias colónicas, sobre todo para las bifidobacterias. Por ese motivo se denominó a los HMO como «factor bifidogénico».
La segunda función claramente establecida de los HMO, después del efecto prebiótico, es evitar la adhesión de patógenos a las células de la pared del intestino. La presencia de estas estructuras en la leche materna implica una doble función defensiva: bloquean los receptores para los gérmenes nocivos y crean un medio que inhibe su proliferación. Mediante este efecto disminuyen el riesgo de infecciones intestinales, respiratorias y urinarias.
Además, una pequeña cantidad de estos azúcares o de los productos de su metabolismo pasan a la circulación general y favorecen el desarrollo cerebral.
En estudios realizados en animales de experimentación se han obtenido otros efectos beneficiosos, en especial en el recién nacido prematuro o en la prevención de algunas manifestaciones alérgicas, como la dermatitis atópica.

¿Podrían usarse los HMO en la alimentación de los lactantes?

Los avances biotecnológicos han posibilitado obtener de forma sintética algunos de estos HMO, cuya estructura es químicamente idéntica a la de los que están presentes en la leche materna. Su incorporación a los alimentos infantiles, en especial a las fórmulas infantiles, abre una línea de gran interés que busca obtener beneficios similares a los que se obtienen en los niños alimentados al pecho. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha evaluado la seguridad de estos azúcares funcionales, considerados como nuevos ingredientes alimentarios, demostrando su seguridad para el consumo humano en lactantes y en niños pequeños.